Google sigue creciendo progresivamente en Internet, y no tiene mayor rival que él mismo y el riesgo de que los propios usuarios que rápidamente lo encumbraron a finales de los 90 y principios de esta década lo derriben, con esa facilidad que tenemos los seres humanos de levantar y destruir mitos. Nuestra sociedad admira a los que consiguen éxitos empezando desde abajo y con humildad, pero comienza a temer y a odiar a los gigantes que lo ocupan todo.
Siempre se ha hablado de la posibilidad de que llegue momento en el que Google se convierta “en el próximo Microsoft”, empresa que en los 90 fue considerada por todo el mundo tecnológico como un héroe, y que esta década se ha convertido en el villano gracias a haberse convertido en el gigante del software y transmitir una imagen de prepotencia.
Sin embargo, la mayoría de los usuarios siguen amando a Google, el momento parece que está lejos de llegar, pero por otra parte cada vez son más frecuentes las noticias que repiten la idea de que Google es un gigante de Internet, lo que debe hacer que en las oficinas centrales de la compañía n California empiecen a saltar las alarmas y a preocuparse por dar pasos cada vez más medidos.
Así, en el prestigioso ‘New York Times’ se publicó hace pocos días el artículo titulado “Everyone Loves Google, Until It’s Too Big” (”Todo el mundo ama a Google, hasta que sea demasiado grande”) que resume esta idea de que podemos estar cada vez más cerca de que los usuarios comiencen a cambiar su percepción con respecto a la compañía. Es cierto que en el citado artículo todo son alabanzas hacia los productos y hacia la imagen de Google (”decir a alguien que se pase ahora a usar el buscador de Microsoft es como decirle que cambie a su mejor amigo”), pero es relevante el hecho de que aparezcan este tipo de titulares en diarios como el ‘New York Times’.
A su vez, la responsable ‘anti-trust’ del nuevo Gobierno de los EEUU (Christine Varney) ha asegurado que ve a Google “como un monopolio que dominará los servicios online de la misma manera que Microsoft domina el mundo del software”, y que “puede haber un peligro potencial para la economía estadounidense porque se ha convertido en un monopolio de la publicidad online”.
Y es que es el mundo de la publicidad, y no los consumidores finales, el primero que está viendo con recelos al gigante en el que se ha convertido Google. Como les hemos contabamos en un post anterior, son cada vez más las voces que reprochan muchas de las actuaciones de la compañía en el mundo de la publidad, y cada vez más también las actuaciones de las Administraciones de diversos países para intentar evitar que Google domine un mercado que impediría la libre competencia y el desarrollo de otras empresas.
De los casi 22.000 millones que Google ingresó en 2008, el 97% proviene de este modelo publicitario y, como les contamos hace unos meses, 6 de cada 10 anuncios que se muestran en Internet están gestionados por la compañía. Esta supremacía de Google en el mundo publiciario es un hecho, y una de las claves de este éxito ha sido que Google conoce cada día más información sobre nosotros para poder ofrecernos información aún más útil, pero proveniente de su cartera de clientes de AdWords: “el anuncio adecuado a la persona adecuada en el momento adecuado”.
Y es aquí donde la imagen de Google puede verse afectada no solamente entre los profesionales de la publicidad, y puede dar el salto al resto de los usuarios. Y es que, para conseguir este propósito de mostrarnos un anuncio hecho a la medida de nuestras necesidades como consumidor, Google se está valiendo de diferentes datos:
:: lo que hemos estado consultando en el buscador web,
:: los contenidos de nuestros correos de Gmail
:: los vídeos que hemos visualizado en YouTube
:: nuestra posición geográfica con Google Latitude o si tenemos planeado un viaje a través de ‘Google Transit‘
:: los productos que hemos buscado en ‘Google Product Search‘
Por ejemplo, si conoce que hemos estado buscando información sobre viajes a Berlín, quizá cuando accedamos a un vídeo de YouTube el anuncio que veamos sea el de un hotel en la capital alemana. Y cuando detecte que nuestro móvil se encuentra en esa ciudad, quizá a la hora de comer nos muestre un anuncio de un restaurante berlinés cuando accedamos a una página a través de nuestro teléfono móvil.
Quizá las críticas relacionadas con el dominio que Google tiene en el mundo de la publicidad no calen entre los consumidores, pero éstas pueden trasladarse al mundo de la privacidad, un espacio que la compañía intenta cuidar al máximo puesto que es fundamental que los usuarios sigan teniendo la confianza depositada en Google, y que sigan pensando que merece la pena arriesgar sus datos personales (búsquedas, correos, posición geográfica) a cambio de obtener un buen servicio en las diferentes herramientas.
Como dice el lector ‘asasd2323′ en los comentarios de este post, no tiene nada de malo que Google nos ofrezca una publicidad tan segmentada y anuncios que, efectivamente, se adaptan a nuestras necesidades y que en muchas ocasiones nos pueden ayudar a solucionar algún problema ayudándonos a encontrar el producto que buscábamos. El hecho es que, cada vez más, el consumidor debe ser consciente de la información personal que está sacrificando cuando decide utilizar los productos de Google y que, como bien afirmaba el propio Director General de la compañía, hay que ser “muy cuidadosos con nuestra intimidad personal”.
Son cada vez más los bloggers que comienzan a incorporar en sus posts comentarios más maduros con respecto a la privacidad en los productos de Google, y más críticos con muchas de las políticas de la compañía. Esta evolución es buena tanto para los consumidores como para Google, el cual (a diferencia quizá de otros gigantes) suele tener bastante en cuenta las opiniones de sus usuarios para modificar sus posturas, y suele participar de las conversaciones que se generan.
Este el de los blogs un sector de la WWW que es generador de opinión, que en muchas ocasiones inicia debates que pasan a los medios de comunicación tradicionales y al resto de la sociedad, y que puede tener la misma fuerza que la que hace diez años tuvieron aquellos geeks que, con el boca-oreja, comenzaron a recomendar a sus amigos un buscador sencillo que realmente funcionaba.
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